Formar a un líder realmente excelente es un poco como hacer un pastel realmente excelente.
Todo empieza con una receta, a la que le sigue mucha práctica. Hay que mezclar los ingredientes adecuados en el momento oportuno, añadiendo una pizca de esto y un chorrito de aquello cuando sea necesario. Es buena idea probarlo de vez en cuando. Hay que tener en cuenta que se cometerán errores y que, a veces, los resultados no serán los esperados. Pero enfocar el liderazgo como si fuera una receta tiene sentido.
Es en parte ciencia y en parte arte. No es solo una fórmula, es un proceso. Un proceso en el que hay que hacer ajustes para conseguir el resultado deseado. Tomando como guía el proceso de creación de recetas, aquí tienes seis cosas que el liderazgo y las recetas tienen en común:
1. Empieza teniendo en cuenta el objetivo final
El mejor pastel de chocolate que se haya hecho jamás sigue partiendo de ingredientes básicos que han resistido el paso del tiempo, como la mantequilla, los huevos, el azúcar, la harina, etc. Son los toques finales —cacao en polvo, chocolate negro de alta calidad, adornos— los que le dan ese toque excepcional que imaginas.
El liderazgo funciona de la misma manera. Ten en cuenta todos los ingredientes con una idea clara de cómo será el resultado final. Si tu objetivo es que los comensales estén satisfechos, hablen a sus amigos de tu comida y vuelvan a comer a tu restaurante, asegúrate de que todos los miembros del equipo conozcan ese objetivo y se centren en él. Los miembros de tu plantilla son tus ingredientes y todos deben trabajar en armonía. Esto funciona mejor cuando el objetivo está claro.
Al igual que en una receta, el éxito se mide por tu capacidad para repetir la fórmula o realizar los ajustes necesarios para lograr un rendimiento constante.
2. Empieza con objetos que te resulten familiares
Una receta siempre empieza con una lista de ingredientes. Estos son tus elementos básicos. Elementos individuales muy útiles que pueden funcionar por sí solos. La tarea del líder es conocer a fondo cada uno de estos componentes.
Descubre los puntos fuertes de tus recepcionistas, camareros, chef, cocineros de línea, coordinadores de sala, personal de limpieza de mesas, etc. Todos ellos deben dar lo mejor de sí mismos y trabajar en equipo para que tu negocio tenga éxito. Al igual que ocurre al elaborar una receta, un cambio en uno de los ingredientes afecta al resto.
Un plato principal delicioso servido con cubiertos sucios significa que tu receta no está bien equilibrada. Es un recordatorio de que es tan importante comprender lo que hace el equipo de sala como saber qué incluye el chef en el menú.
3. Infórmate sobre los temas que no conoces
Una vez que te hayas familiarizado con la parte más conocida de tu negocio, podrás abordar los aspectos que te resulten más desconocidos. Es posible que tengas que documentarte, investigar, hacer preguntas y, sobre todo, escuchar.
Aquí es donde se pone de manifiesto la diferencia entre ser un jefe y ser un líder. Un jefe es alguien que está al mando, asigna tareas y toma decisiones cruciales. Un líder es alguien que influye en los demás y saca lo mejor de ellos fijando objetivos y predicando con el ejemplo.
Interesarte por los aspectos que desconoces demuestra a tu equipo que te comprometes a comprender y valorar sus funciones. Esto crea un vínculo de confianza y les permite desarrollar las cualidades que mejoran tu fórmula para el éxito.
4. Experimenta con los resultados
Como líder, debes tratar a todo el mundo por igual, pero orientar a cada uno de forma diferente. Es como perfeccionar una receta. Conoces las funciones de cada miembro del equipo, pero ¿conoces realmente a las personas?
Es posible que los nuevos empleados necesiten formación adicional. A algunas personas basta con indicarles el camino a seguir. Pero todos deben saber qué beneficios obtendrán —bonificaciones, ascensos, días libres— al alcanzar el objetivo. Este tipo de transparencia hace que todos se impliquen en el proyecto y les infunde confianza.
5. Perfecciona tu receta
Cualquier chef te dirá lo importante que es probar tu creación sobre la marcha. Un buen líder debe ser honesto, flexible y tener una mentalidad abierta, sobre todo cuando algo sale mal. Y habrá fracasos.
Recuerda que nada cambia sin pasar por el fracaso. Un verdadero líder reconoce un fracaso y lo admite. El liderazgo implica lidiar con las dudas y los retos a cada paso. La disposición a intentar y a fracasar anima a todos a convertirse en agentes del cambio sin miedo.
6. Adaptarse a las circunstancias
Cuando creas que tu receta es la perfecta, es hora de ponerla a prueba. Anima a los miembros del equipo a afianzarse y crecer. Un buen liderazgo forma a los líderes del futuro.
Contrata a personas que disfruten de verdad con lo que hacen. Anímales a centrarse en la satisfacción del cliente. Una vez que hayas definido el carácter de tu receta, solo será cuestión de hacer pequeños ajustes para ofrecer un producto homogéneo.
Detrás de cada receta hay una fuente de inspiración. Lo que la convierte en algo propio es la atención al detalle que decidas dedicarle.


