De jefe a entrenador

Tu personal trabajará más y se quedará más tiempo en la empresa si adoptas un enfoque basado en el trabajo en equipo. 
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Siempre es difícil ser el jefe. Esto nunca ha sido tan cierto como hoy en día, cuando abundan los puestos de trabajo en el sector de la restauración e incluso tus mejores empleados pueden estar buscando nuevas oportunidades. Estar al mando significa conseguir que los empleados hagan el trabajo que necesitas sin que pierdan la motivación. Para ello, debes pasar de ser jefe a ser mentor, porque guiar a las personas hacia el éxito es mejor que la alternativa: mandarlas hasta el fracaso.

Ser jefe y ser entrenador son dos cosas muy diferentes. Un “jefe” actúa en gran medida como un matón, con una mentalidad egoísta del tipo “yo, mí, mío”. Ese enfoque egocéntrico, del tipo “o se hace a mi manera o nada”, frena la motivación. Puede que el trabajo se haga, pero la moral se resiente.

Cuando eres entrenador, centras la atención en el exterior con un enfoque de “vamos/nosotros” que fomenta el trabajo en equipo. El coach sigue estando al mando, pero no da órdenes. En su lugar, se establece un diálogo bidireccional en el que se explican los objetivos para que cada miembro del equipo comprenda cómo encaja su función en el plan. Alcanzar el éxito impulsa a los empleados a rendir de una forma que les beneficia tanto a ellos como a la empresa.

Los supervisores son la clave del éxito o del fracaso

Según el informe de LinkedIn titulado “Por qué se marchan los buenos empleados”El superior directo es la razón principal por la que las personas se quedan en una organización y la razón principal por la que se marchan. Eso significa que tener un gran equipo tiene menos que ver con el dinero, las ventajas y la formación, y más con cómo se trata a las personas y con lo valoradas que se sienten.

Razones por las que la gente sigue en su trabajoEl hecho de que seas un “jefe” o un “mentor” puede marcar una gran diferencia. Según el Gallup Business Journal, el 75 % de los trabajadores que dejaron voluntariamente su empleo lo hicieron por culpa de sus jefes y no por el puesto en sí.

Los empleados que están contentos no solo se quedan en la empresa, sino que además son muy productivos. Si no te lo crees, relación entre el supervisor y el trabajador Si te lo planteas, piensa en el mejor jefe que has tenido nunca. Probablemente se parecía más a un entrenador, que marcó la diferencia en tu vida centrándose en animarte y ayudarte a mejorar.

Por el contrario, piensa en el peor trabajo que has tenido nunca. Probablemente no dejaste el trabajo, sino que dejaste a tu jefe. 

Haz que todo el mundo participe en la acción

¿Por qué la gente deja sus trabajos? Hoy en día, los empresarios siguen pensando que todo se reduce al salario, la seguridad laboral, los ascensos y las condiciones de trabajo. Sin embargo, estudio tras estudio se pone de manifiesto que los empleados valoran que se reconozca plenamente su trabajo. Los miembros de tu plantilla quieren sentirse parte de lo que ocurre. 

Si no se sienten parte de la familia laboral, con un supervisor comprensivo y capaz de escuchar sus problemas personales, ofrecerles orientación y reforzar su confianza, entonces tienen pocos motivos para quedarse.  

Prueba a dedicarte al entrenamiento

Si estás viviendo una situación en la que los empleados van y vienen sin parar, haz un examen de conciencia. ¿Eres un jefe por el que la gente renuncia? ¿O eres un mentor al que la gente acoge con agrado?

Sea como sea, siempre hay margen de mejora. La clave está en saber cómo pasar de ser un jefe a convertirse en un mentor. Aquí tienes siete consejos útiles:

  • Decídete a hacerlo. Mírate al espejo y conviértete en el jefe que te gustaría tener.
  • Escucha el doble de lo que hablas. Nunca oirás buenas ideas si no escuchas.
  • Cuando hables, hazlo de forma amena. Plantea preguntas sobre quién, qué, cuándo, dónde, por qué y cómo para fomentar el debate.
  • Deja que el equipo tome las decisiones de vez en cuando. Así se reafirma que estáis todos juntos en esto.
  • Recuerda que, a menudo, la mejor manera de alcanzar tu propio éxito es ayudar primero a los demás a alcanzar el suyo.
  • Premia el resultado, no el esfuerzo. Lo que quieres es ganar, no solo jugar bien. Haz que todos tengan la vista puesta en el objetivo. 
  • Inspira confianza demostrando confianza.

Cada lugar de trabajo puede ser diferente, pero el verdadero liderazgo es una constante. Necesitamos menos jefes y más mentores. Con esta receta, puedes empezar a ser un mentor: esa figura que construye un equipo de éxito basado en el respeto mutuo, el talento y un alto nivel de rendimiento.

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