A pesar de todo el esfuerzo que dedicas a garantizar la seguridad alimentaria, podrías estar poniendo en riesgo a los residentes si no abordas la cuestión de los alimentos que traen los familiares y amigos. Aunque cada comunidad es responsable de elaborar su propia normativa para cumplir con la legislación vigente, a continuación se ofrecen algunas pautas generales que conviene tener en cuenta a la hora de desarrollar una normativa sobre “alimentos externos”.
Decide cómo vas a guardarlo. Cada comunidad debería plantearse habilitar un espacio en la despensa y neveras destinadas exclusivamente a los alimentos que traen los residentes de fuera. Algunos lugares adecuados son la sala de actividades, la zona de servicio del comedor o las habitaciones de los residentes.
Etiqueta todo. Etiquetar los alimentos que se traen de fuera es un paso importante para garantizar su seguridad y evitar confusiones. Cada etiqueta debe incluir: el nombre del residente, el nombre común del alimento y la fecha límite de consumo. Mantén las etiquetas y los rotuladores cerca de las neveras y despensas asignadas a los residentes para facilitar el etiquetado.
Establece quién puede tirar comida y cuándo. Establece claramente quién puede tirar comida y en qué condiciones. Revisa el contenido de las despensas y neveras al menos dos veces por semana. En cuanto al desecho, sigue las recomendaciones de conservación del fabricante o un plazo adecuado basado en la fecha de consumo preferente. Informa al personal, a los residentes, a los amigos y a la familia sobre los protocolos que establezcas y los requisitos de manipulación segura de los alimentos, para que todos estén informados y actúen de forma coherente.
Mantén una temperatura segura. Cada frigorífico debe disponer de un termómetro para el sector alimentario calibrado internamente para controlar la temperatura. El personal designado debe registrar la temperatura al menos una vez al día para garantizar que cumple con la normativa federal, estatal/provincial y/o municipal. Cuelgue una tabla en el frigorífico y anote diariamente la fecha, la hora y la temperatura; además, haga que cada anotación sea firmada por la persona que la haya realizado.
Se debe elaborar un plan de medidas correctivas en caso de que en algún momento se detecte que la temperatura no es segura, y dicho plan debe incluir el desecho de los alimentos que se encuentren en la nevera y la notificación del fallo a un supervisor y al departamento de mantenimiento.
Organiza un horario de limpieza. Las neveras destinadas a los residentes deben limpiarse y desinfectarse a fondo al menos una vez al mes. Asigna al personal esta tarea y fórmalo para que sepa cómo llevarla a cabo. Supervisa sus primeras intervenciones para asegurarte de que todo se realiza según el protocolo y ofréceles comentarios constructivos cuando sea necesario.
Presta atención a los alimentos con textura modificada y a los líquidos espesados. ¿Los alimentos y bebidas que se traen tienen la textura y consistencia adecuadas para el residente en cuestión? En tu política sobre comida de fuera, especifica quién es el responsable de supervisar este aspecto y a quién pueden acudir las personas para recibir información al respecto.
Ten en cuenta las alergias alimentarias. Si un residente padece una alergia alimentaria, lo mejor puede ser que disponga de una nevera en su habitación para guardar los alimentos que traiga de fuera. Esto ayuda a minimizar el riesgo de contaminación cruzada. Es posible que también debas informar a los amigos y familiares del residente sobre su alergia, para que puedan preparar comidas que no le provoquen una reacción.
Establece unas normas para compartir. Es posible que los familiares de un residente deseen traer algún alimento, como una tarta de cumpleaños, para compartirlo con los compañeros de mesa de su ser querido. Aclara bien si tu comunidad permite compartir este tipo de alimentos con otros residentes. Si está permitido, plantéate guardar muestras de comida etiquetadas por si se produjera alguna intoxicación alimentaria.
Establecer un responsable de seguimiento de las políticas. Designe a un supervisor encargado de supervisar su programa de comida traída de fuera. Sus responsabilidades deben incluir la realización de auditorías periódicas para supervisar el cumplimiento de los procedimientos establecidos, garantizar que el personal y los familiares hayan completado toda la formación pertinente, que la limpieza y la desinfección se realicen según lo previsto, etc.
Comparte tu política con tu familia y amigos. Explica abiertamente la política sobre comida de fuera en el momento de la admisión. Explica que se ha establecido para garantizar la seguridad de sus seres queridos y profundiza en los detalles para que todos tengan claro qué pueden y qué no pueden hacer en lo que respecta a traer comida.


