1. Corta las manzanas sin pelar en juliana hasta llegar al corazón. Deseche el corazón. Vierte el aceite en una sartén antiadherente grande ya caliente. Añade las manzanas. Saltea a fuego medio-alto durante 30 segundos. Extiéndelas en una bandeja de horno forrada con papel de horno, formando una sola capa. Déjalas enfriar en la nevera, sin tapar.
2. Pon la nata agria y las manzanas refrigeradas en un bol. Sazona con sal y pimienta. Mézclalo todo con una espátula de goma. Pásalo a un recipiente de conservación no reactivo. Tápalo y guárdalo en la nevera hasta que lo necesites.
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