1. Corta los extremos de las cebollas. Córtalas por la mitad de un extremo a otro. Córtalas a lo ancho. ⅛” de grosor a lo ancho. Vierte el aceite de oliva en un rondeau no reactivo ya calentado. Añade las cebollas. Rehogaé hasta que se caramelicen y estén tiernas.
2. Añade el vino blanco, el zumo de manzana, el vinagre de sidra, el azúcar moreno, la sal y la pimienta a las cebollas. Llévalo a ebullición. Déjalo cocer a fuego lento hasta que el líquido se haya reducido y las cebollas estén casi secas. Remueve con frecuencia. Déjalo enfriar. Pásalo a un recipiente de conservación no reactivo. Tápalo, etiquétalo, ponle la fecha y guárdalo en la nevera hasta que lo necesites.
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