1. Tamiza la harina y la sal en un bol de acero inoxidable. Incorpora la mantequilla a la harina con un mezclador de repostería de alambre hasta que la mezcla adquiera una textura con grumos del tamaño de un guisante.
2. Bate los huevos, el agua helada y el vinagre en un bol de acero inoxidable. Viértelo sobre la harina y mézclalo todo con una batidora de repostería. Si la masa queda demasiado húmeda, añade un poco de harina. Si queda seca, añade un poco de agua.
3. Coloca la masa sobre una superficie ligeramente enharinada. Amasa suavemente con la palma de la mano unas 3 o 4 veces. Dale forma de rectángulo grande y plano de aproximadamente 1” de grosor. Colócala en una bandeja de horno forrada con papel de horno. Cúbrela con film transparente y déjala en la nevera durante al menos 1 hora.
4. Una vez que la masa haya reposado, extiéndela hasta que tenga un grosor de aproximadamente ⅛”. Con un cortador de galletas, corta círculos de la masa. Cada uno debe pesar aproximadamente 1¼ oz.
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